Tengo un don. No es escribir, sino estar callada. A veces, escribo; entonces, hablo; ergo, pierdo mi don
Yo no sé de historia, pero sé lo que recuerdo y lo que recuerdo es esto: Yo en el s. XVI ya era hombre. Vivía –a veces en mi sueño la veo- en una austera cabaña sin espejos. Por eso, mi rostro en mi memoria siempre resulta algo difuso, marcado por los...
Lo que no mata, engorda por MJ -Y además nos hace daño –reniega para sus adentros la Sra. Agustina mientras saca de la nevera un pastel con más mantequilla que nata. Agustina se mueve pesada, enmarcado cada uno de sus pasos con el bisbiseo de unas zapatillas...
Luces de neón alumbraron la ciudad. Un temblor febril, como a una hebra de hierba por soplo de brisa, me despertó, me invadió, te añoró, me entristeció. A través de la ventana el reflejo parpadeante iluminó en la cama tu ausencia. Por el pasillo del humo...
Y aunque mis ojos han besado las joyas más hermosas, engarzadas con meras palabras..., y aunque las yemas de mis dedos, a menudo ensalivadas, han rozado miles de páginas..., las palabras no lo dicen todo, por perdurables y exactas que nos parezcan al...
(Tengo una muñeca vestida de azul, con su camiseta y su camisón. La saqué a paseo, se me constipó, la tengo en la cama con mucho dolor...) Cuando yo era niña, todas las niñas éramos muñecas de porcelana, frágiles y delicadas. Por eso, cuando niña, mi...
Ecos de pasos precipitados retumbaban en el vacío del piso. Manuel bajó la maleta del altillo, vació el armario y volcó los cajones sobre la cama. Si no se daba prisa, en cualquier momento, le sorprendería la señora de la limpieza. En el aseo, metió de...
Cri-cri, cri-cri, cri-cri. Los grillos del parque, bajo la batuta de la luna, despliegan al unísono sus alas. Se abre el concierto y un intenso olor a jazmín baña el camino donde conversaciones con acento jienense se dirigen a las fiestas del pueblo....
Hay amor en la madrugada repiquetea la voz del rocío contra el dintel la ventana. “Ay, amor- dice él-, de todo cuanto es efímero sólo éste, eterno momento, anhelo: Sirena, son de hilo blanco tus escamas; tu torso desnudo, bañan, primeras luces del alba.”...
Cuando hacíamos 5º de EGB todas sabíamos dos cosas: quiénes era los Reyes Magos (aunque yo lo callaba, en un intento desesperado por mantener los lazos de la infancia) y que un día, cuando fuésemos a 8º, Mercedes sería nuestra profesora. Por eso, la clase...
A veces, caminando por los senderos del falso silencio, acompañada por el murmullo de las olas del mar o el crepitar de las hojas secas caídas de los árboles, el recuerdo de su voz melódica me invade y el peso de la nostalgia se apodera de mí. Entonces...
Nota de la autora: vayan por adelantado mis disculpas. “Yo no sé cómo se harán las revoluciones, cuando se hagan, en Zamora, Orense o Lérida (…) En Barcelona, la revolución no se prepara, por la sencilla razón de que está preparada siempre. Asoma a la...
Linda, así se llamaba la niña, sonreía cuando su amigo Sol la despertaba: -Linda –le susurraba entre besos y caricias-, ya es de día. Largo y negro era su pelo; sus ojos, redondos y pequeños. Linda niña, como lindo el nombre y linda su cara, era aquella...
Cada fin de semana regreso al barrio. Por el silencio de las calles del animal en duermevela -rey de su sabana-, voy arrastrando el peso del recuerdo de los libros y de los sueños de la infancia. Tres espigas de raza flamenquean con paso erguido y orgulloso...
Cada vez que pasaba frente al escaparate con mi disfraz de joven rudo y deportista, el susurro de la camisa, vaporosa y sensual, se deslizaba por mi nuca, como si me hablase la promesa de un amante furtivo. De inspiración vintage, un etéreo lazo de encaje...
En su décimo aniversario, a Mónica Turanga Leela, le regalaron una cría de dinosaurio. Entonces Mónica vivía con sus padres y sus hermanas, a quienes adoraba. Cuando Paquito -ese fue el nombre elegido por Mónica para su nuevo amigo- abrió los ojos por...
Los pasitos de Paula son torpes y graciosos, como los de un blanco corderillo recién nacido. Paula, la equilibrista, sobre sus pies, tiembla y se tambalea. Arruga su hocico de gatillo con cada risa, mientras en sus ojos un mar de castaños, alegre y juguetón,...
Ella sabrá lo que se hace. Ahora, va y me masculla en una queja lastimera un “soy infeliz”, la muy absurda. Avisada, queda. De niña, nunca la consentí y a estas alturas, menos. Además, se lo advertí cuando me confesó haberse acostado con el piltrafa del...
Las cortas patitas puntean la acera como la estela de una mosca sobre el cristal de una ventana. Levita orgullosa la mascota, creyéndose cancerbero de los deseos de su dueña. Su largo pelo, de un marrón irreverente, ondea al ritmo de sus pasos, que ella...
Hoy pasó por mi lado. Me miraba de reojo, presu miendo de cojera, un poco estirado y con la media sonrisa pintada, esa que dejaba escapar el orgullo de sentirse especial durante unos segundos, la sonrisa que yo heredé, irremediablemente, y la que heredaron...
Tal vez si hubiera preguntado dónde, me habría confesado la verdad. No lo sé, en aquel momento tampoco lo pensé. Cuando entré en la sala de interrogatorios, olí el perfume de la arrogancia de quien se cree invulnerable y capaz de superar cualquier obstáculo....
El pistoletazo de la rutina señalado por la música estridente del móvil despertó a Manuela dispuesta a emular, una vez más, al protagonista de El día de la marmota. El sonido cesó con una suave presión sobre el botón táctil de última generación de antiguos...
Era aquella una hermosa habitación, con numerosas ventanas por donde entraba mucha luz. Incluso en las noches más oscuras, de tanta luz filtrada durante el día, la habitación azul resplandecía: camuflada entre las paredes, entre el yeso y la pintura,...
-Estoy triste porque sé que nunca me meteré ahí –Los cuatro años de Laura, cargados de melancolía, señalan el agua del mar. Se pone sus gafas de sol con montura rosa chicle y deja desfallecer su espalda sobre la toalla como una auténtica Lolita. Mientras,...
Don Raimundo Pelayo de Cantés, fiel a su profunda creencia presbiteriana de que el futuro de todo hombre está predestinado desde el día de su nacimiento, decidió aprovechar la sonoridad de su nombre y apellidos, ideados con la finalidad de ser impresos....
Esa que ahora entra es la señora Angelita: “Buenos días, Sra. Angelita, ¿qué va a ser?, ¿un café con leche y un croissant?, ahora mismo se lo llevo “, le digo cada día, más o menos a la misma hora. La Sra. Angelita siempre camina un poco encogida, con...