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Tengo un don. No es escribir, sino estar callada. A veces, escribo; entonces, hablo; ergo, pierdo mi don

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Las malas épocas nunca duran un año

Tal vez si hubiera preguntado dónde, me habría confesado la verdad. No lo sé, en aquel momento tampoco lo pensé. Cuando entré en la sala de interrogatorios, olí el perfume de la arrogancia de quien se cree invulnerable y capaz de superar cualquier obstáculo. La luz mortecina y sin fuerza rompía el silencio con el zumbido de su cebador. Se levantó de la silla metálica como si esperase la visita de un importante cliente y me tendió la mano izquierda a modo de saludo. Su americana, cuyo valor superaría el salario mínimo interprofesional, dibujaba una sombra recortada, hecha a la medida para él:

-Buenas noches, usted dirá. –Me estrechó la mano con fuerza y por las líneas de su vida, como en un papel blanco se marcan las huellas dactilares, percibí la frialdad camuflada en la profundidad de su mirada gris.

-Buenas noches, Sr. Calamoro. –respondí con el tono reservado a los raterillos callejeros, consciente de la ofensa. – Justo Reñano, Inspector Jefe. Tome asiento, por favor. –Lucky Luke rehabilitado, a falta de cigarro, respiré resignado y me eché a la boca un chicle de nicotina, para posicionarme frente a él, con todo el desprecio permitido por la ética profesional. 

La humedad de la lluvia se deslizaba, envuelta en su vaho de serpiente, por las rendijas de la puerta automática de la entrada, hasta alcanzar el último rincón de la comisaría. La calefacción seguiría estropeada todavía una larga temporada, mientras las diferentes compañías de seguros de los distintos departamentos decidían, apáticos, a quien le competía arreglarla. Para entonces ya estaríamos rozando el verano y el problema sería el aire acondicionado. Los destinos a provincias tienen estas cosas, te acostumbras a ello y, al final, se ubican en la escala del menor de tus problemas.

Temblequeó la luz, el zumbido descansó y la cámara fundió a negro. La subida de tensión postergaría el interrogatorio y, con ello, la avalancha de informes pendientes, ordenada como clara advertencia por parte Dña. Torres, mi inmediata superiora y ex-amante despechada, de sanciones más graves. Pedí a Lucía, administrativa todoterreno, una linterna de sobremesa y la grabadora, guardada a modo de suvenir de mis tiempos de estudiante en la Academia de Policía de Ávila, de cuando mantenía en la retina la utopía de un mundo justo, regido por la ley y el orden. Una de las competencias del Cuerpo Nacional de Policía en las capitales de provincias y otras poblaciones determinadas por el Gobierno era “investigar los delitos para descubrir y detener a los presuntos culpables, asegurar los instrumentos, efectos y pruebas del delito, poniéndolos a disposición del juez o tribunal competente, y elaborar los informes técnicos y periciales procedentes”[1], recordaba estúpidamente, emulando a mis antiguos profesores de primaria y a su absurda lista de los Reyes Godos. “El ser humano es conservador y las malas costumbres tienden a perpetuarse”, me consolaba ante tan innecesaria utilización de mi disco duro.

-¿Puedo saber por qué se me ha requerido? Generalmente Hacienda practica medios menos autoritarios para contactar conmigo. –Hermanados en la oscuridad como dos almas el día del juicio final, su voz avejentada dejaba al descubierto el paso de los años. – Mi abogado está de regreso de sus vacaciones a Jamaica.

-Supongo que eso significará un considerable aumento de sus honorarios –le escupí con el cuchillo de la ironía. –Una denuncia ha reabierto el caso de la desaparición de su esposa, Dña. Dolores Crujillo Balmonte.

La desaparición de Dña. Dolita, regente de un bar de alterne a las afueras de la ciudad, no le sorprendió a nadie. Sí, en cambio, que deshilvanar los bajos de su vida condujese a las tripas de tan distinguidas y acaudaladas estirpes: Dolores Crujillo Balmonte y Don Hernán Calamoro Tornero habían celebrado nupcias a finales de la Transición, custodiados por la flor-y-nata del momento, conscientes de lo chusco y ridículo de cualquier propuesta de cambio social. Por aquellas fechas, la futura Dña. Dolita, ignorante de su destino (al igual que el resto de los españoles), acababa de cumplir dieciséis años. Sus padres, entusiasmados por la buenaventura de su hija, autorizaron la boda de la menor con un hombre doce años mayor y anunciaron a bombo y platillo la unión de ambas familias en todos los periódicos, junto a la proclamación de la nueva Constitución. Era diciembre de 1978. Los futuros vástagos acumularían una ingente fortuna entre las tierras de la Casa Crujillo y los innumerables negocios de dudoso origen de los Calamoro, que bien por conveniencia con la oligarquía franquista; bien por trapicheos con la advenediza clase política, fueron obviados durante décadas hasta convertirse, en la actualidad, en imagen de varias ONG. La memoria histórica es selectiva y la venta de armamento a la Alemania nazi y el uso de  carne de penal como mano de obra barata[2] ya ni salían en los manuales escolares, por miedo a traumatizar sensibilidades o soliviantar conciencias. Licores Trujillo, supervivientes a la colonización económica inglesa cuando paupérrimos nobles vendieron su única actividad productiva, hoy cotiza en bolsa.

-¿Mi mujer? –Retumbó la duda contra el falso espejo. –No entiendo, ¿por qué? Se esfumó por arte de magia en el verano de 1996. Vista la falta de noticias, el caso se cerró y  el tribunal competente la dio por fallecida en 2006.

-Su mujer vive, o al menos hasta hace una semana. Se hace llamar Dolita y su contable afirma desconocer su paradero desde el lunes, 11 de enero de 2012.

Dña. Dolita – que por su insana adicción a las coplas de Lola Flores también respondía al nombre de La Piconera- no era conflictiva, a pesar del ambiente donde se movía; aunque sí, imprevisible: un extraño concepto de la justicia la hacía reaccionar de forma instintiva. Sibilina y cautelosa, en más de una ocasión solicitó nuestra ayuda para devolver al redil a alguna de sus chicas que, bajo su arbitrario criterio, consideró posible la redención; en otras, colocó migas de pan hasta el paradero de personajillos de baja estopa, manos largas y egos maltrechos. “El cliente siempre tiene la razón, hasta que deja de tenerla”, rezaba entonces La Piconera para justificarse. Dentro del local, mantenía una rigidez de internado sobre su personal, haciendo especial hincapié en la limpieza; pero la nota más discordante era la emisión ininterrumpida de un desfasado cancionero popular: Miguel de Molina, Concha Piquer, Marifé de Triana, Rafael Farina…. se resquebrajaban la voz y el alma, mientras, sobre las mesas, círculos de agua rezumada atrapaban besos de alquiler La supervivencia de tan extravagante negocio habría resultado inconcebible, a no ser por la atracción que despertaban las blancas carnes de Dolita tras la barra, envuelta en su canturreo hipnótico y el breve brillo del zafiro de su mirada entornada. Quizás ya rozase la cincuentena, no obstante a nadie le importaba.

Al hurgar en su pasado, su figura, entre visceral y mundana, acudió a mí, acompañada de las notas libertarias de Cecilia  (Dama, dama, de alta cuna y de baja cama…). Y recordé a una monja de mi infancia que, como si estuviese a punto de confesar un pecado capital, murmuraba cada vez que mi madre aparecía en Caritas con la cara marcada: “Hija mía, cuando una mujer deja a un hombre, por algo será”. Así pues, seguí aquel viejo raciocinio de base cristiana para hallar el origen de tan misteriosa y repetitiva desaparición.

Decidí probar suerte y comencé a preguntar abiertamente:

-He repasado los informes de 1996. No hay indicios de secuestro, pero tampoco son concluyentes ¿Fue abandono de hogar?,  ¿tenían problemas?

Por un momento, creí que recurriría al amparo de su abogado:

-Mire, sr. Reñano, soy libre de contestar o no; aun así, lo voy a hacer –carraspeó un poco y prosiguió: -yo me casé con una niña, era consciente. A parte de sus apellidos, su inocencia me cautivó y sopesé que, así, la amoldaría al proyecto de vida que yo albergaba. Lo que jamás imaginé fue su grado de insensatez. Era, soy, un hombre muy ocupado y, con sinceridad, mi tiempo es oro. Eso me eximía, y me exime, de la tutela de una soñadora sin fuerza, que se pasaba los días en una nube. Su único placer era pasarse el día escuchando canciones de Lola Flores, hasta el punto de identificarse como la protagonista de esas historias. Como le explicaría…, lo que un drogadicto llama viaje, ella lo obtenía colocando la aguja sobre el vinilo. Dolores siempre fue niña y se comportaba como tal. Me supo mal, claro, sobre todo por el escándalo, pero entonces ella ya tenía treinta y cuatro años. Y, al fin y al cabo, tampoco quería darme hijos ¿Era feliz? Yo pensaba que sí, a su manera.

“¿Había sido feliz Torres conmigo?”, me sorprendí inesperadamente. Por odioso que resultase, había llegado a la misma conclusión: un año atrás, así lo creía. No era una relación tradicional, con horarios y besos de buenas noches, y siempre colgaba en el trasfondo de nuestras conversaciones reproches encubiertos... Lo normal de una pareja, concluía para aquietar mi conciencia.

-Entiendo. Sin embargo, la noticia apenas se publicó ¿Contrató una investigación privada? ¿Tenía noticias de Dolita?

-Al principio, consideramos que todo respondía a un tonto capricho suyo de llamar la atención. Estaba alelada. Le fallaba algo, ¿sabe?, ahí, en la cabeza. En fin, era un poco anormal, usted ya me entiende. La naturaleza, después de todo, es sabia y, pienso, por eso era estéril. Lloriqueaba contantemente y me discurseaba sobre no sé qué cuentos de sentimientos y necesidades ¡Mujeres! No existe animal más incongruente. Lo tenía todo: dinero, posición, familia…  La sangre azul está manía, se lo digo yo. Gracias a Dios, mi nombre ejerce cierto respeto y acallar los medios fue relativamente fácil.

Mientras le escuchaba, seguro de sí mismo, la penumbra me guiaba por caminos pantanosos. “No me hablas tú, Torres, son tus hormonas”: con estas palabras, finiquité nuestra entente.

Para retomar la compostura, me erguí en la silla:   

-Pero, ¿contrató una investigación privada?, ¿tenía noticias de Dolita?

-Le repito, sin eufemismos, las mujeres están locas, son seres incoherentes. En 1996, Doña Dolores Crujillo Balmonte renunció a una vida de cuento, sin problemas. En ese mismo momento, para mí, murió y, no, no la busqué, porque no existía justificación. En 2006 me volví a casar. Mi mujer actual trabajaba en una de mis empresas, en una cadena de fabricación. Es la única forma de recibir un agradecimiento justo, razoné con lógica. ¿Y cuál ha sido el resultado?  Ahora mismo está en Jamaica con mi abogado. –La voz se quebró en señal de abatimiento- Aunque hubiese sabido de esa Dolita, ¿qué me importaba a mí?

-Acaso porque fue declarado el beneficiario universal de su herencia. Un coche como el suyo, aparcado junto a un bar de carretera, es difícil de olvidar, sr. Hernán.

-Acababa de enterarme de lo de esa puta con mi abogado  –la americana no aguantó más y Don Hernán Calamoro Tornero se desmoronó. Hecho fardo, con los codos apoyados sobre la mesa, apenas se sostenía la cabeza –y  cogí el coche. Llevaba varios días sin rumbo. Entonces la vi. Créame, sr. Reñano, le habla la voz de la experiencia, las malas épocas nunca duran un año.

Quizás en aquel momento le habría podido preguntar dónde estaba el cuerpo. De todas maneras, no pude: se hizo la luz y el bulto retomó su forma. Aun así, acertaba en una cosa, las malas épocas nunca duran un año. Me guardé la grabadora en el bolsillo y le pedí amablemente a Lucía que retirase la linterna; por un momento, vislumbré la posibilidad de conversar con Torres. La bocanada visionaria pronto se esfumó, colapsado por la montaña de papeleo que me tenía asignada.

 

 

17 de enero de 2012

 

 

Nota: Mi especial agradecimiento a mis compañer@s y profesora del curso Asistencia a la Dirección por su benevolencia con mis palabras, y por haber sido motivo y obligación de este relato que, tiempo atrás, venía rondando, zalamero y arrogante, sin terminar de aflorar.   

 

 

 


  lsorciere

 

 

 

 

 


[1] Extracto de la web: http://www.policia.es/index.php, página oficial del Cuerpo Nacional de Policía

 

[2] Sobre la utilización de presos políticos como  mano de obra barata durante el Franquismo, visitad la página:  http://hemeroteca.lavanguardia.com/preview/2002/02/17/pagina-49/33933740/pdf.html  (para una  lectura más cómoda mejor en: http://www.foroporlamemoria.info/documentos/lv_esclavos_franquismo.htm)

 

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K
<br /> Grande, muy grande!!!!, enhorabuena, flor!!!!!<br />
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M
<br /> <br /> Citando a una gran amiga: siempre un paso detrás de vos.<br /> <br /> <br />  <br /> <br /> <br /> Gracias, Kora<br /> <br /> <br /> <br />
F
<br /> jajaja, siempte es ella, siempre jeje<br /> <br /> <br /> Y, lo del miedo, supongo que es por la resaca que deja el esfuerzo; pero; como escribir es un oficio... Ese síntoma no es más que eso. Siempre, ya lo sabes, te vi en él. No tengas miedo o mejor,<br /> nome seas vaga jeje, no quieras convencerte de que no tienes ideas para no seguir trabajando. Que lo haga yo, pos vale, porque al fin y al cab solo busco algo de "diversión y entretenimiento",<br /> yo, como cantaba gigiola, "no tengo edad" (me sobran años ya) para pretender, para esperar y bueno, pue me puedo peritir ser vaga pero tú TÚ NO. Me debes una firma de libro (para empezar jeje)<br /> <br /> <br /> Pd. Me encantó volver a escuchar a mi Alejandro (me gustaba mucho en tiempos jeje) Gracias y besos<br />
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M
<br /> <br /> Jajaja, bueno, creo que todos debemos entender el blog como diversión y entretenimiento, un espacio donde nos dedicamos a nosotros mismos. Ese tiempo que otras personas dedican al Tai-chi, a<br /> hacer macramé, a correr, a hacer crucigramas, a caminar..., nosotros se lo dedicamos al blog. Lo que me daría pena sería perder la continuidad e en él. Pero son tantos tu ánimos y la confianza<br /> que en mí depositas que estoy por hacer uno de esas ediciones online (creo que son gratuitas, ¿sabes?) solo por el gusto de enviarte una firmada.<br /> <br /> <br /> Besitos<br /> <br /> <br />  <br /> <br /> <br /> <br />
F
<br /> ¡Qué bueno, cata...! ¡Menudo as te guardabas en la manga!<br /> <br /> <br /> A mí, también, me ha gustado mucho tu inmersión en las alcantarillas policiales, tal como lo ha llamado Salvador.<br /> <br /> <br /> Mis felicictaciones y un fuerte abrazo<br />
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M
<br /> <br /> Gracias, Flora. Estoy tan contenta de vuestras observaciones... Mi único "ay" es que las ideas llevan unos días sin rondarme y, cuando termino alguno de los cuentos que me han supuesto un<br /> esfuerzo considerable, temo que me abandonen para siempre. Es como cuando Alejandro Sanz canta:<br /> <br /> <br /> ¿era? ¿quién me dice si era ella?<br /> <br /> <br /> Y, si la vida es una rueda y va girando<br /> <br /> <br /> y nadie sabe cuándo tiene que saltar<br /> <br /> <br /> Y la miro... y, ¿si fuera ella? y,<br /> <br /> <br /> ¿si fuera ella? Y, ¿si fuera ella?"<br /> <br /> <br /> http://www.youtube.com/watch?v=Wg42skTpX8Y. Alé, ya que me ha salido, os dejo el enlace de la canción<br /> <br /> <br />  <br /> <br /> <br />  <br /> <br /> <br /> MUACKS Y REMUACKS<br /> <br /> <br /> <br />
S
<br /> Eso debió de pensar Zapatero,  cuando dijo que en el segundo semestre de hace ya unos cuantos, acabaría la crisis. Buen título para este buen relato que luego volveré a leer para<br /> sacarle todo el jugo y la pulpa también. De momento.... me ha encantado tu inmersión en las alcantarillas policiales. Un saludo  <br />
Responder
M
<br /> <br /> Jajajaja, pobre ZP!!! Gracias, Salvador. Me ha costado mucho sacarlo y, al final, lo conseguí por obligación. Pidieron un relato en un curso que estoy haciendo y me empeciné en este; luego..., ya<br /> no pude cambiar tema. Tenía miedo de que no se entendiese (ya sabes, mis frases largas, la cantidad de personajes para un cuento breve...) o que la trama resultase insuficiente, pero parece ser<br /> que funcionó bastante bien. Nunca es tarde, cuando la dicha es buena, dicen.<br /> <br /> <br />  <br /> <br /> <br /> Saludos<br /> <br /> <br /> <br />