Tengo un don. No es escribir, sino estar callada. A veces, escribo; entonces, hablo; ergo, pierdo mi don
Déjame regalarte un mar de palabras donde calmar el alma; relájate en la espuma blanca de mis frases encadenadas. Siéntate en la orilla de este trozo de mundo, serena, y observa como la luz cálida y tempranera, con su caricia, destella. Déjame mostrarte el tranquilo celeste que el cielo desprende en la madrugada. Déjame darte el despertar de las aguas, mi abrazo; el arrullo del viento, mi mirada. Acoge en tus sueños esta pequeña cala llena de esperanza, pues en ella podrás llorar cuando necesites llorar, reír cuando quieras reír y olvidar cuando debas de olvidar.
Para ti, para que en tu largo caminar siempre tengas un refugio donde descansar.
Barcelona, 13 de junio de 2002