Tengo un don. No es escribir, sino estar callada. A veces, escribo; entonces, hablo; ergo, pierdo mi don
Las cortas patitas puntean la acera como la estela de una mosca sobre el cristal de una ventana. Levita orgullosa la mascota, creyéndose cancerbero de los deseos de su dueña. Su largo pelo, de un marrón irreverente, ondea al ritmo de sus pasos, que ella siente galope de caballo salvaje, a un palmo de distancia del suelo. Ladra al viento de vez en cuando y en su chillido agudo escucha la advertencia del fiero león a la manada.
13 de julio de 2012