Tengo un don. No es escribir, sino estar callada. A veces, escribo; entonces, hablo; ergo, pierdo mi don
Hay amor en la madrugada
repiquetea la voz del rocío
contra el dintel la ventana.
“Ay, amor- dice él-,
de todo cuanto es efímero
sólo éste, eterno momento,
anhelo: Sirena, son
de hilo blanco tus escamas;
tu torso desnudo, bañan,
primeras luces del alba.”
“Ay, amor- responde ella-,
en mi madrugada,
de ti dependo;
único respirar en sombras,
me acompañas.”
La voz del rocío
repiquetea
contra la ventana.
30 de diciembre de 2004