Tengo un don. No es escribir, sino estar callada. A veces, escribo; entonces, hablo; ergo, pierdo mi don
Se muerde el labio inferior en un intento desesperado por atrapar las últimas sílabas de la palabra desbocada, emisario deshonesto que viaja sin pasar por el filtro de la reflexión previa. Entonces el caballo apenas domesticado de su interior despotrica,...
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Lo que no mata, engorda por MJ -Y además nos hace daño –reniega para sus adentros la Sra. Agustina mientras saca de la nevera un pastel con más mantequilla que nata. Agustina se mueve pesada, enmarcado cada uno de sus pasos con el bisbiseo de unas zapatillas...
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Yo no sé de historia, pero sé lo que recuerdo y lo que recuerdo es esto: Yo en el s. XVI ya era hombre. Vivía –a veces en mi sueño la veo- en una austera cabaña sin espejos. Por eso, mi rostro en mi memoria siempre resulta algo difuso, marcado por los...
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Luces de neón alumbraron la ciudad. Un temblor febril, como a una hebra de hierba por soplo de brisa, me despertó, me invadió, te añoró, me entristeció. A través de la ventana el reflejo parpadeante iluminó en la cama tu ausencia. Por el pasillo del humo...
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Y aunque mis ojos han besado las joyas más hermosas, engarzadas con meras palabras..., y aunque las yemas de mis dedos, a menudo ensalivadas, han rozado miles de páginas..., las palabras no lo dicen todo, por perdurables y exactas que nos parezcan al...
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Ecos de pasos precipitados retumbaban en el vacío del piso. Manuel bajó la maleta del altillo, vació el armario y volcó los cajones sobre la cama. Si no se daba prisa, en cualquier momento, le sorprendería la señora de la limpieza. En el aseo, metió de...
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Nota de la autora: vayan por adelantado mis disculpas. “Yo no sé cómo se harán las revoluciones, cuando se hagan, en Zamora, Orense o Lérida (…) En Barcelona, la revolución no se prepara, por la sencilla razón de que está preparada siempre. Asoma a la...
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Linda, así se llamaba la niña, sonreía cuando su amigo Sol la despertaba: -Linda –le susurraba entre besos y caricias-, ya es de día. Largo y negro era su pelo; sus ojos, redondos y pequeños. Linda niña, como lindo el nombre y linda su cara, era aquella...
Leer el postI. Cinco minutos después de arropar a Laia en la cama, el tsunami de su llanto inundó el comedor. El presentador vio irrumpido su programa televisivo; sillas, mesa y restos de una cena quedaron flotando; los padres, sorprendidos en plena discusión, acudieron...
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A veces, caminando por los senderos del falso silencio, acompañada por el murmullo de las olas del mar o el crepitar de las hojas secas caídas de los árboles, el recuerdo de su voz melódica me invade y el peso de la nostalgia se apodera de mí. Entonces...
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