Tengo un don. No es escribir, sino estar callada. A veces, escribo; entonces, hablo; ergo, pierdo mi don
Cada fin de semana regreso al barrio. Por el silencio de las calles del animal en duermevela -rey de su sabana-, voy arrastrando el peso del recuerdo de los libros y de los sueños de la infancia. Tres espigas de raza flamenquean con paso erguido y orgulloso...
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