Tengo un don. No es escribir, sino estar callada. A veces, escribo; entonces, hablo; ergo, pierdo mi don
Ella sabrá lo que se hace. Ahora, va y me masculla en una queja lastimera un “soy infeliz”, la muy absurda. Avisada, queda. De niña, nunca la consentí y a estas alturas, menos. Además, se lo advertí cuando me confesó haberse acostado con el piltrafa del...
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El pistoletazo de la rutina señalado por la música estridente del móvil despertó a Manuela dispuesta a emular, una vez más, al protagonista de El día de la marmota. El sonido cesó con una suave presión sobre el botón táctil de última generación de antiguos...
Leer el post¿Y eres tú quien me pregunta si te quiero? Pues claro que te quiero, pequeña mía, te quiero siempre que tu menudo cuerpo revolotea frente al espejo. No, no te pongas, todavía, a la defensiva; no pretendo entablar un juego de palabras ni decir cruel mentira....
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Las cortas patitas puntean la acera como la estela de una mosca sobre el cristal de una ventana. Levita orgullosa la mascota, creyéndose cancerbero de los deseos de su dueña. Su largo pelo, de un marrón irreverente, ondea al ritmo de sus pasos, que ella...
Leer el post-Y castiga sin postre al gigante. –Articula cada palabra con el orgullo de la lección transmitida. –Colorín colorado, este cuento se ha acabado. –Su voz es un susurro cantarín en medio de la penumbra de la habitación. Una sonrisa de satisfacción se le...
Leer el postY nada más existió hasta el próximo tren, ni tan siquiera una tarta de cumpleaños, el crepitar de unas palomitas de maíz o un bucólico paseo campestre. Nada; como si los años transcurridos no tuviesen más sentido que la caza del objeto de culto. Ya en...
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Era aquella una hermosa habitación, con numerosas ventanas por donde entraba mucha luz. Incluso en las noches más oscuras, de tanta luz filtrada durante el día, la habitación azul resplandecía: camuflada entre las paredes, entre el yeso y la pintura,...
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Don Raimundo Pelayo de Cantés, fiel a su profunda creencia presbiteriana de que el futuro de todo hombre está predestinado desde el día de su nacimiento, decidió aprovechar la sonoridad de su nombre y apellidos, ideados con la finalidad de ser impresos....
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Tal vez si hubiera preguntado dónde, me habría confesado la verdad. No lo sé, en aquel momento tampoco lo pensé. Cuando entré en la sala de interrogatorios, olí el perfume de la arrogancia de quien se cree invulnerable y capaz de superar cualquier obstáculo....
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