Tengo un don. No es escribir, sino estar callada. A veces, escribo; entonces, hablo; ergo, pierdo mi don
Tres huérfanos sociales desafiaban auspicios navideños. La cándida María, 20 años, todavía arrastraba el abandono de un novio pandillero; Julio, 37 y con el nervio del recién divorciado; Luisa, 28, introvertida, esotérica y pañuelo jipi al cuello por...
Leer el post-Buenos días, Manuela –saluda Mario, conductor de autobuses-. Un café, por favor. Mientras Manuela prepara las pastas, comienza el lento goteo de clientes somnolientos. De pronto, J.C se presenta con un grito: -¿Ya cogiste el número de Navidad?, mira...
Leer el postTodos, los once hermanos y el loro parlanchín de mis abuelos, la llamábamos la Bruja del Tercero: nos robaba del buzón las postales de Navidad y dejaba un décimo. Vivía sola; era vieja y sorda del oído izquierdo. 3 de diciembre del 2010
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Cada fin de semana regreso al barrio. Por el silencio de las calles del animal en duermevela -rey de su sabana-, voy arrastrando el peso del recuerdo de los libros y de los sueños de la infancia. Tres espigas de raza flamenquean con paso erguido y orgulloso...
Leer el postDibuja una sonrisa mellada, apenas perceptible desde la lejanía de las butacas. En la oscuridad del hueco, fotograma negativo de príncipe azul, Ramón esconde su tremenda timidez. Y es allí donde la guarda, cada vez que sube al escenario. 14 de febrero...
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En su décimo aniversario, a Mónica Turanga Leela, le regalaron una cría de dinosaurio. Entonces Mónica vivía con sus padres y sus hermanas, a quienes adoraba. Cuando Paquito -ese fue el nombre elegido por Mónica para su nuevo amigo- abrió los ojos por...
Leer el postAquella tarde, papá, regresó a la tumba entristecido. “¡Me voy!”, gritó en pleno mal de Sambito. Del impulso al levantarse, temblequeó la mesa de caballete, ya de por sí inestable, y el pelotón de fichas rompió filas. Cazó al vuelo algunas desertoras...
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Los pasitos de Paula son torpes y graciosos, como los de un blanco corderillo recién nacido. Paula, la equilibrista, sobre sus pies, tiembla y se tambalea. Arruga su hocico de gatillo con cada risa, mientras en sus ojos un mar de castaños, alegre y juguetón,...
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Hoy pasó por mi lado. Me miraba de reojo, presu miendo de cojera, un poco estirado y con la media sonrisa pintada, esa que dejaba escapar el orgullo de sentirse especial durante unos segundos, la sonrisa que yo heredé, irremediablemente, y la que heredaron...
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Cada vez que pasaba frente al escaparate con mi disfraz de joven rudo y deportista, el susurro de la camisa, vaporosa y sensual, se deslizaba por mi nuca, como si me hablase la promesa de un amante furtivo. De inspiración vintage, un etéreo lazo de encaje...
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