Tengo un don. No es escribir, sino estar callada. A veces, escribo; entonces, hablo; ergo, pierdo mi don
Pequeñica y enfadada, asiente con la cabeza. Su gesto resulta rotundo y firme, rápido como su paso, pero todo el mundo sabe que, en su mente, las ideas son curiosas mariposas eternamente enfrentadas. Mira triste, cuando sonríe, y tras su tristeza se esconde...
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