Tengo un don. No es escribir, sino estar callada. A veces, escribo; entonces, hablo; ergo, pierdo mi don
Todos, los once hermanos y el loro parlanchín de mis abuelos, la llamábamos la Bruja del Tercero: nos robaba del buzón las postales de Navidad y dejaba un décimo. Vivía sola; era vieja y sorda del oído izquierdo.
3 de diciembre del 2010