Tengo un don. No es escribir, sino estar callada. A veces, escribo; entonces, hablo; ergo, pierdo mi don
En la línea de la curva de la onda de tu pelo, sin tú quererlo, me siento para presidir el lento suceder del mundo. Atalaya para el héroe, me mezo a tu paso y dirijo cada uno de tus pensamientos. Adoro el juego infantil y volátil de las hebras de tu flequillo, que te rozan; su zumbido de mosca, que te reclama para apartarlas. Así, con mi enredo, beso tu mano en el más sutil de los secretos, sin tú saberlo.
13 de mayo de 2012