Tengo un don. No es escribir, sino estar callada. A veces, escribo; entonces, hablo; ergo, pierdo mi don
Igual que lo hacen las ballenas, con su canto secreto y desesperado te llamo, amparada tras el eco de la noche, y el silencio devuelve mi súplica a la orilla de mi ventana, como el reniego de una lágrima a llegar a su destino.
5 de marzo de 2012