Tengo un don. No es escribir, sino estar callada. A veces, escribo; entonces, hablo; ergo, pierdo mi don
Si mi alma fuera pájaro, volaría a tu lado cada madrugada.
Si mis brazos fuesen alas, quizás percibirías su batir en el alféizar
de tu ventana.
Pero Dios no quiso crear ave para acompañarte con su alegre (o su triste)
trinar, sino frágil materia humana.
Y aún así, ella, a tu vera, viaja.
No me digas, no me recrimines, no tergiverses: calla.
Oye...; más que oír, escucha.
Atiende como el camino al cruce, como el río a la desembocadura cuando
por fin se hallan.
Sólo entonces comprenderás mi duda, mi lucha y mi ansia.
Para S.
19 de febrero de 2008