Tengo un don. No es escribir, sino estar callada. A veces, escribo; entonces, hablo; ergo, pierdo mi don
“La noche es una estrella en tu cucharilla”, leyó Maruja tras los rigurosos minutos de concentración. De pronto, mientras ella balanceaba el plato en el aire, me vi como la heroína de una novela romántica, música de fondo incluida. Vuelta en mí, ansiosa por descifrar el futuro oculto tras aquel jeroglífico, le supliqué un poco más de precisión en sus palabras. Imperiosa, apagó las velas con el vuelo de su alada manga, encendió la luz y una rotunda negación alegó cansancio ante mi ignorancia. Todavía no entiendo por qué me empeño en seguir viniendo. Siempre fui más bien de ciencias.
9 de septiembre de 2011