Tengo un don. No es escribir, sino estar callada. A veces, escribo; entonces, hablo; ergo, pierdo mi don
“Recuerda a papá que baje la tapa”, le comenté con desgana por la noche a Jaime, mi marido, mientras veíamos desde el sofá desfilar anuncios publicitarios por la pantalla plana del nuevo televisor. Un mes después, teníamos arreglado todo el papeleo para su ingreso en el geriátrico.