Tengo un don. No es escribir, sino estar callada. A veces, escribo; entonces, hablo; ergo, pierdo mi don
El pie izquierdo no me quiere hacer ni caso. Cada noche me arengo en silencio: “mañana, tú decides cual de los dos pones primero”. Sin embargo, cuando despierto, no hay manera: el muy puñetero se aprovecha de mi ensueño, juega al despiste, se desliza y pisa el suelo.
5 de diciembre de 2011