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Tengo un don. No es escribir, sino estar callada. A veces, escribo; entonces, hablo; ergo, pierdo mi don

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Luces; acción

Modas María se encuentra perdida en el extrarradio de la ciudad. Resiste las fluctuaciones de la economía gracias a los bailes de salón de pensionistas en su segunda juventud. Siempre es una incógnita predecir el resultado del cierre del año. A finales de septiembre Maria comienza a guarecer la tienda: guantes, bufandas, vestidos, calcetines… Consumismo, lo llaman, pero ella se entrega con el empeño del primer día, pronto hará cuarenta años. Luego, saca de una caja la colección de adornos navideños, desde el ángel de cartón con pintura desteñida -presente de sus suegros cuando la inauguración- hasta la ristra de bombillitas intermitentes que penderán de los cristales, y viste el viejo escaparate de gala. Se aleja para tomar perspectiva y apreciar mejor el efecto. Es noviembre. Su amiga Vicenta entra fatigosa con el carro de la compra, contempla el espectáculo multicolor y comenta, mohína, “¡Ay, te nos jubilas! Te echaremos de menos en el barrio”. María le responde con un beso.

 

30 de noviembre del 2010

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F
<br /> <br /> Tarea inutil la mía....  vaser así, jaja, creo que solo me empeño en serlo y al parecer, ni siquiera lo parezco jaja, me compaorto como una cría y naturalmente así mesetratajaja ¡me da una<br /> rabia aimmm!<br /> <br /> <br /> Mil besos a ti, mi querida MJ, (gracias por tus palabras)<br /> <br /> <br /> <br />
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M
<br /> <br /> Como siempre, gracias a ti, reina de las bloggeras<br /> <br /> <br />  <br /> <br /> <br /> Besitos<br /> <br /> <br /> <br />
F
<br /> <br /> ¡Qué entrañable, amiga mía! Hay que ver cómo se vivía familiarme en familia en los barrios de antaño... Bueno ahora tembién se da algo en ciudades más pequeñas.<br /> <br /> <br /> Cuando era chica, si no estaba jugando (después de los deberes) me pasba el rato entran y saliendo a la calle a por algo. A María (la del kiosko) la mantenía solo con lo que le compraba jaja (es<br /> un decí jeje) Otro sitio que me encantaba, era la droguería de Manolo... Manolo siempre iba con una bata de franela (o lo que sea) de color azul (bueno, tal vez gris); pero lo que no olvidaré<br /> nunca, era el olor de su tienda ¡me encantaba! era un olor a un producto de droguería, o una mezcla de todos, no sé... Cuando se acercaba Nacidad, como cuentas, me xtasiaba mirando las guirnaldas<br /> (¿espumillones?) tan brillantes y atractivas. Ni te imaginas la de veces que entraba a preguntar por algo, solo por el gusto de estar allí y que me exparciera en su mostrador de madera los<br /> colores, los sacapuntas, los cuadernos... Además, Manolo, no tenía hijos y le encantaban los niños, así que nos trataba de maravilla ¡qué buen hombre de verdad! Una de las veces que volví a mi<br /> tierra pasé por la calle y mi calle ya no era mi calle y yo tampoco, porque nadie me reconoció jeje<br /> <br /> <br /> Bueno, que felicidades, sigo pensando que sí tienes don en este arte<br /> <br /> <br /> Un beso<br /> <br /> <br /> <br />
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M
<br /> <br /> Hoy en empezaré por el final, Flora. Un beso.<br /> <br /> <br /> Al final resultó que por mucho que te empeñes en llamarte mayor, no lo eres tanto. Compartimos los mismo recuerdos. No a Manolo, claro, pero yo también me crié así, entrando y saliendo y pidiendo<br /> que me echasen el bocadillo por la ventana, jeje. En mi barrio, Manolo se llamaba Fermina y cuando vuelvo siempre queda alguna vecina de entonces (no hace tanto que me fui y me mantengo cerquita)<br /> y el hijo de Fermina que sigue luchando, pero ha cambiado la papelería por una tienda de electrodomésticos.<br /> <br /> <br />  <br /> <br /> <br /> Besos, Flora, una lluvia de besos<br /> <br /> <br /> <br />