Tengo un don. No es escribir, sino estar callada. A veces, escribo; entonces, hablo; ergo, pierdo mi don
-Hasta chocarse contra una pila de maderos.
-¡No!
-Sí.
-No me lo puedo creer.
-Así como te lo cuento: durante el descanso, se puso a leer el mensaje del móvil -al parecer de una vieja amiga-, tropezó, rodó y…
-Y, entonces, ¿qué pasó?
-Murió de un tablonazo: nos quedamos sin el primer Cyrano de Bergerac.
-Y, ¿ahora?
-Un éxito.
21 de septiembre de 2012