Tengo un don. No es escribir, sino estar callada. A veces, escribo; entonces, hablo; ergo, pierdo mi don
Se oye un rítmico puf puf de fantasmas paridos. Yo los llamo así, pero no se lo digo a nadie. Sé que sólo habitan en mi imaginación. Ahora están allí, al final del corredor; empiezan a murmurar entre ellos, como viejos sabios, mientras se acercan lentamente. Podría salir, sorprenderlos, gritarles un “¡UH!” atronador que los alejase para siempre; sin embargo me aterroriza quedarme definitivamente sola. Lo mejor será esconder mi temblor bajo el edredón, dejarlos tranquilos. De chiquilla me enseñaron a no entrometerme en conversaciones ajenas. Además, si aguzo el oído, quizás consiga la historia que ando buscando y, entonces, revelaré el genio novel que vive en mí.
15 de septiembre de 2012