Tengo un don. No es escribir, sino estar callada. A veces, escribo; entonces, hablo; ergo, pierdo mi don
-Antes de que vuelva papá, sube esas persianas y descorre las cortinas...
Las manos de la vieja crujen al sacarlas del embozo como ramas secas, pero no se queja. Señalan un punto impreciso de la esquina de la habitación. Allí, unas pupilas de animal acorralado tiemblan dentro del pasamontañas.
-Sí, eso, corre las persianas, baja las cortinas. Si papá viene, porque vendrá, todo se arreglará ¡Mamá!-grita-, compra achicoria, enciende el hornillo. -Balbucea, ahora:- Ya verás, mataremos este frio…-Bajo las mantas, su bulto es puro lápiz.
Una llamada anónima alertó a la policía de madrugada. Hallaron el piso vacío y, alrededor de la difunta, humeantes pucheros de café, como cera de velorio.
2 de diciembre de 2012