Tengo un don. No es escribir, sino estar callada. A veces, escribo; entonces, hablo; ergo, pierdo mi don
Todo el mundo sabía que era una mujer bala. El redoble de tambores; el traje de neopreno rojo metalizado refulgiendo al contacto de la luz de los focos; el alarido final del presentador rompiendo con el silencio expectante…Estudió químicas y durante un tiempo ejerció como profesora de secundaria. Se casó, tuvo dos hijos, le encantaba la repostería y hacer bolsas de ganchillo para el pan. Su figura, envuelta por el alo del espectáculo, todavía mantenía una apariencia delgada y ágil, pero nunca llegó a acostumbrarse y, muerta de miedo, temblaba como una hoja caduca en otoño dentro del tubo de acero. Pronto cumpliría cincuenta y cinco años.
13 de enero de 2011