Tengo un don. No es escribir, sino estar callada. A veces, escribo; entonces, hablo; ergo, pierdo mi don
Toca jotas, otra vez, como cada último domingo de mes. El resto se reparte entre sevillanas, bailes de salón y diferentes variedades de salsa. La función, siempre, por la tarde; durante la semana, clases y ensayos. Ayuntamientos, fiestas populares y centros para la tercera edad la tienen absorbida. Ya apenas juega con sus amigas ni tiene tiempo para estudiar. Cuando María empezó a balbucear, en un gracioso giro infantil confesó su sueño de ser artista, pero nunca imaginé a su madre tomárselo tan en serio. Últimamente la noto algo demacrada, no obstante, callo; me amilana desilusionar a mi mujer.
6 de mayo de 2011