Tengo un don. No es escribir, sino estar callada. A veces, escribo; entonces, hablo; ergo, pierdo mi don
Todos apretujados en aquel enorme congelador; imaginarlos tan pequeñitos y ya temblando por el frío me desvela por las noches. La abstinencia sexual prescrita por el centro médico está forzando a mi cerebelo a utilizar una parte todavía inexplorada. Nunca hubiese pensado que hacerme donante de semen para financiarme la carrera despertaría en mí un sentimiento de paternidad tan acusado. Sólo espero que se me pase pronto.
15 de abril de 2011