Tengo un don. No es escribir, sino estar callada. A veces, escribo; entonces, hablo; ergo, pierdo mi don
“No, claro que no queremos”, respondía Isabelica, la mayor, en no
mbre de sus hermanos. Dando un respingo de orgullo, se despedía: “Nos vamos pa la casa,chacha. Andad con Dios”. Los platos sobre la mesa, humeaban sustancia. A veces, al Alvarico, el pequeño, le sonaba un cascabel en las tripas. Entonces a la Isabelica le subía los colores, le pellizcaba con rabia el brazo y el crio emitía un sonoro “Ay”. Para defenderse de tamaña injusticia, gritaba: “Pero, madre dijo que la chacha ponía hoy puchero”. Ya a la altura del portal, les gritaba desde el comedor: “Andad, andad ¡Y no se olvide mis recuerdos, pa su madre!”
16 de diciembre de 2012