Overblog Todos los blogs Blogs principales Literatura, Historietas y Poesía
Edit post Seguir este blog Administration + Create my blog
MENU

Tengo un don. No es escribir, sino estar callada. A veces, escribo; entonces, hablo; ergo, pierdo mi don

Publicidad

El olor a polvo de tiza que guardé en un cajón

El sonido del metro aproximándose al andén se escuchaba desde el pasillo. Apreté un poco más el paso, ya de por sí siempre ligero a primera hora de la mañana, para alcanzar el vagón entre pitidos de alarma ante la peligrosidad de mi hazaña. Una vez dentro, avancé como pude entre la gente. A partir del tercer vagón, por norma, la aglomeración se va diluyendo y se puede encontrar algún asiento libre. Aproveché el momento y las tres paradas que me separaban del trabajo para ir a la nueva sala de lectura pública instaurada por las actuales costumbres sociales: entre Best sellerde última hornada, ADN y sudokus  adquiridos en tiendas de todo a un euro, saqué mi libro. Dudé un poco; por ello, mis ojos, antes de localizar inquietos la última línea leída del último trayecto, se desplazaron juguetones, pero discretos, sobre mis compañeros de viaje. Alguna que otra ausencia me dijo de forma subliminal que mis prisas habían sido exageradas ya que, o bien, llegaba 5 minutos tarde, o bien, las agujas de mi reloj se atrasaban en mi provecho. Consulté la hora: la coyuntura excepcional  me decidió para tomar un café antes de entrar al antro que tenía por despacho y…

Divagaba distraída sobre mi futuro inmediato cuando, sentada frente a mí, una persona, con sus gestos, giró la llave del cajón de mis recuerdos: con el rostro bajo, no podía distinguir sus facciones, sin embargo su manera de ladearse el cabello y el pasar de las hojas me evocó el olor a polvo de tiza y a habitación cerrada de mi colegio. Levantó la mirada y por unos segundos se cruzó con la mía. Siempre es un reto: tal que el de un documental sin anuncios ni respiro para ir al lavabo, me sentí como un animal observado por cámara oculta en plena selva virgen. Durante el desarrollo del ritual todavía primario de reconocimiento entre desconocidos, mi cabeza danzaba entre retomar mi lectura habitual o redirigir el objetivo de mi pupila hacia el infinito como si pudiese apreciar tras los cristales algo más que el fondo oscuro del túnel. Opté por lo primero. Tarea vana. El eco repetitivo del nombre cada mañana al entrar en clase se interponía. Carolina Laguna tenía ojos verdes, pelo negro. Los rasgos de su cara, muy similares a los de mi recuerdo- ¿era ella?-. Es el eterno problema del miope: como el sordo desconfía de las conversaciones ajenas, quien carece de la nitidez de la luz al atravesar los objetos desconfía de lo que ve y le parece. A pesar de todo, retenidos en mi subconsciente almaceno  movimientos, maneras de actuar, de gesticular…, pequeños trucos de mujer olvidadiza y distraída por defecto que me han ayudado a relacionar y a identificar.

 

Compañera de pupitre durante varios cursos, a parte del nombre, su esencia se me había quedado grabada y ¿cuántas personas podrían, además de parecerse, sentarse con la misma postura, leer con ese mismo nervio inconsciente que le hacía tocarse la punta de la nariz para luego retirarse el cabello de la cara?, ¿con cuántas podría llegar a confundirme? Volví a examinarla, lo notó, se extraño y adiviné en su rostro la desconfianza. Al fin, me arriesgué:

-¿Perdona –un atisbo de asombro, me interrogaba-, eres Caro, Carolina Laguna?

-Sí, por…-su rostro confuso se fue aclarando con el movimiento de sus cejas-, ¿Manuela? ¡Dios mío, no te reconocí! Pensaba, ¿y está…, que mira?

-¡Carolina! -Nos abrazamos con la fuerza de todo nuestro mejor pasado- Me bajo, ésta es mi parada

-¿Tienes Hotmail?

Otra vez entre prisas y silbidos, le di mi dirección, “m.garcia@hotmail.com”, y confié en la persistencia de esa lista repetida por orden alfabético año tras año.

Hice el resto del camino con una sonrisa en la cara, dándole al encuentro la categoría de buena señal en una época bastante mala, pues nunca sabía qué iba a pasar en el trabajo. Caro entró cuando ya estábamos en 5º de EGB (hoy extinto a golpe de reforma). Por su carácter reservado totalmente contrapuesto al mío, congeniamos desde el primer momento, si bien es cierto que todavía conservo esa expresión suya al presentarnos de “y está, ¿de qué va?”, idéntica a la de hacía unos segundos.

La entrada de un e-mail pocos días después confirmó mi lógica. En él, Caro me preguntaba si era yo; le respondí; y finalmente quedamos en buscarnos mutuamente durante la semana, puesto que entre lunes y miércoles podíamos coincidir en la hora. No me apetecía contárselo por correo por lo extenso del tema, pero seguramente que, después de tres meses sin cobrar, aquella sería mi última semana con jornada laboral. Aun así, a partir de entonces las mañanas resultaron más divertidas. El rastreo de una cara conocida entre la multitud gris siempre es alentador. De esta manera renació en mí toda una vida pasada, cuando la risa me afloraba sin previo aviso y todo parecía más fácil: El olor a polvo de tiza me hizo reflexionar sobre la economía del tiempo. Decidí que no quería malgastarlo entre dudas y miedos, pues ningún obstáculo sería, como nunca lo había sido,  insalvable o eterno

 

 

 

  lsorciere

22 de abril de 2010

Publicidad
Regresar al inicio
Compartir este post
Repost0
Para estar informado de los últimos artículos, suscríbase:
Comentar este post
S
<br /> Este colocar de nuevo tus cosas me hacen releer y descubrir con asombro la frescura de tu escritura.<br /> No dejes estos relatos cortos, aunque sean los micros los que te pinchan y hacen mover tus dedos y convertir las letras en palabras y las palabras en historias únicas. ademas así da mas tiempo a<br /> escuchar la musiquita. Por cierto, me tienes que recordar como es lo del gachet musical, en su día lo intenté, pero no lo conseguí.<br /> <br /> <br />
Responder
M
<br /> <br /> Hola, Salvador<br /> <br /> <br /> Ayer me lié con el FB y no pude entrar en el blog. Gracias por tus palabras, son una motivación muy importante para mí. Ya lo intento, lo de crear historias más largas, pero me cuesta, aun así<br /> continuo esforzándome por arrancar una línea más.<br /> <br /> <br /> Los de la música, dame otro día y te explico. En realidad, es muy sencillo, pero como lo hice hace tiempo no lo recuerdo de memoria. Te enviaré un mensaje, prueba y donde te quedes colgado me<br /> explicas. A ver si entre los dos lo conseguimos.<br /> <br /> <br /> Un abrazo<br /> <br /> <br /> <br />