Tengo un don. No es escribir, sino estar callada. A veces, escribo; entonces, hablo; ergo, pierdo mi don
-Ese maravilloso viaje que le habían prometido… -Molesto, interrumpe su lectura con un sonoro golpe de libro- ¿Me estás escuchando? –grita.
Ella, toda miedo, abre los ojos y da un respingo en la silla, que tambalea:
-Sí, sí, claro que le escucho–La mueca de una trémula sonrisa desfigura su cara.
-¡Mientes! –La voz del Inquisidor, alumbrado por un flexo parpadeante, retumba en la sala de los incunables, infinita y abovedada. Mesas alargadas atestiguan alineadas como guerreros Xian- Mientes igual que el resto. Llegáis aquí, cuchicheando secretos y risitas sacrílegas: ¿Encima pretendes mi confianza?
En el corto espacio que los separa, pisa la carpeta forrada de un púber Justin Bieber con ínfulas de estrella del rock.
6 de mayo de 2012