Tengo un don. No es escribir, sino estar callada. A veces, escribo; entonces, hablo; ergo, pierdo mi don
“Gracias por este simulacro de vida normal en un mundo normal. Resultó un grato descanso en el camino”, pensó Manuela mientras se despedía de sus esporádicos compañeros el último día de trabajo; dos besos, abrazos, un apretón de manos, risas…; ya estaba preparada para regresar a la única esquina del redondo mundo que, por absurda, nadie ve, ubicada incluso más allá del otro lado de la ventanilla.
8 de junio de 2014