Tengo un don. No es escribir, sino estar callada. A veces, escribo; entonces, hablo; ergo, pierdo mi don
El verde tallo se va espigando al ritmo que se deshojan calendarios. Entre cabriolas, mientras, ensaya retos, aprende la tortura de las matemáticas y desvela el misterio de los Reyes Magos. En su Carta de este año quedaron renglones huérfanos; la dueña del cántaro de las risas solo quiere un abrigo. Paseamos por la calle, va delante, retrocede, escucha las conversaciones intentando comprender qué es ser eso que parece ser que somos, juega con su hermano… De pronto, se para delante de un escaparate. La breve clarividencia de su mirada -esa que, a base de repetirse, te convierte en adulto- se dirige a su madre. Un instante después corre calle abajo. Paula se hace mayor.
31/12/2017