Tengo un don. No es escribir, sino estar callada. A veces, escribo; entonces, hablo; ergo, pierdo mi don
“Muerto pero mío”: el titular, escrito en grandes letras rojas, acompañaba la foto de portada de la tonadillera. Al leerlo, Carlota se sobresaltó; las manos enrojecidas arrugaron la revista; y una lágrima indiscreta se deslizó por el rostro. Emulando a la diva, irguió la cabeza orgullosa y se encasquetó las enormes gafas de sol. En el autobús, dirección al trabajo, Carlota olvidó su alergia al detergente de la empresa.
11 de noviembre de 2011