Tengo un don. No es escribir, sino estar callada. A veces, escribo; entonces, hablo; ergo, pierdo mi don
"La última alma humana ha muerto", anunció el televisor. La voz en "off" flotaba, espíritu errante, sobre el fondo azul y frío de un estudio desierto. Seguidamente, la imagen se distorsionó y un ruidillo monótono, de antena mal sintonizada, invadió al unísono los miles de hogares, en la noche de la inmensa ciudad. Las migas de la sobremesa, los platos apilados del fregadero y las miradas vítreas atrapadas en el sofá guardarían posiciones hasta el amanecer, presionadas por el yugo de la reflexión sobre la inexorabilidad de la evolución de la especie. Luego, la rutina reinstauraría el estado natural de las cosas y nadie volvería a pensar.
20 de diciembre de 2011