Tengo un don. No es escribir, sino estar callada. A veces, escribo; entonces, hablo; ergo, pierdo mi don
“Dime, mamá, ¿y cuándo será el incendio?”, pregunta María con pequeños tirones a su única falda por debajo de las rodillas. “Shhh”, le manda callar la madre apoyando su orden con el dedo índice sobre sus todavía maquillados labios. En el ascensor, sintió el vuelco de todas las miradas sobre ellas y se sonrojó.
Despertó sobresaltada. Se había dormido. No podría dejar a María en el colegio y llegar a la entrevista de trabajo al mismo tiempo. Así pues, improvisó. Gracias a Dios, recursos humanos entendió que, tras una noche en vela esperando indicaciones de los bomberos, no tuviese corazón para separarse de la niña.