Tengo un don. No es escribir, sino estar callada. A veces, escribo; entonces, hablo; ergo, pierdo mi don
“A la cola, como todo el mundo” dijo la farmacéutica. Un silencio sepulcral invadió la ristra de clientes al verla levitar hacia el último, que retrocedió un paso para cederle el sitio. La teatralidad de sus movimientos y su aspecto –las manos enlazadas...
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