Tengo un don. No es escribir, sino estar callada. A veces, escribo; entonces, hablo; ergo, pierdo mi don
Nadie, en varios kilómetros a la redonda, sabría decir su nombre. Sin embargo, la mayoría había conversado en alguna ocasión con él. Sus rasgos vulgares y anodinos, sus maneras pausadas y sencillas facilitaban el diálogo, allí, en la taberna del Paquillo...
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