Tengo un don. No es escribir, sino estar callada. A veces, escribo; entonces, hablo; ergo, pierdo mi don
Y a la edad de cuarenta y cinco fallecía inmersa en una noche sin luna ni estrella guía. Esperé a la madrugada callada y cuando, creí, ya era hora pasada, quise forzar mis ojos para ver la luz del alba..., pero el alba no llegaba. Entonces la ansiedad...
Leer el post-Lleva horas durmiendo en su cunita como un ángel –anuncia María desde el quicio de la puerta y, a medida que la ola de sus palabras avanza, el murmullo de la habitación se va apagando, hasta quedar suspendido en el aire el tintineo de una cucharilla...
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