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13 octubre 2013 7 13 /10 /octubre /2013 10:00

Pakito 4

 En su décimo aniversario, a Mónica Turanga Leela, le regalaron una cría de dinosaurio. Entonces Mónica vivía con sus padres y sus hermanas, a quienes adoraba. Cuando Paquito -ese fue el nombre elegido por Mónica  para su nuevo amigo- abrió los ojos por primera vez, una hilera de blancos y enormes dientes asomaron. Su sonrisa, grande y sincera, le partían la cara en dos y le arrugaban la frente en una sola línea verde oscuro; sus patitas aceitunadas, del tamaño de un gato adulto gordo, arañaban el aire movidas por la emoción. Mónica, lejos de atemorizarse ante el extraño animal, estuvo toda la fiesta achuchándole entre sus brazos. Desde aquel momento, nunca más se separaron.

Pasaron los años y  el cariño profesado el uno por el otro fue aumentando hasta límites insospechados entre una niña y un  dinosaurio. Sin embargo, mientras ella creció de manera progresiva y pausada -al estilo de un ser humano-, Paquito, el Vegetariano, como  lo conocían en el barrio, se desarrolló descomunalmente, llegando a alcanzar los cuatro metros de altura. Una expresión bobalicona, de puro bueno, se encastaba en un morro largo y ancho como el culo de un automóvil. En la piscina municipal, la piel dura se tornaba esmeralda cuando se reflejaban los rayos de sol. La barrigota era un tierno cojín cada vez que, cansados de caminar, se tumbaban sobre la hierba para hablar de sus cosas de viejos compañeros. La cola, un divertido tobogán durante el recreo.

Juntos, fueron al colegio, aprendieron matemáticas, lengua y ciencias naturales y, sin apenas darse cuenta, entre juegos, estu dios y confesiones, entraron en la edad adulta.  Mónica también se divertía mucho en clase y disfrutaba con fruición de todas las asignaturas, hasta de aquellas donde Paquito se dormía.

-¡Paquito, despierta! Con esa aptitud nunca te formarás –le recriminaba con seriedad.

Todo esta felicidad un día se truncó. Mónica me llamó para contarme una tristeza: Debía marchar hacía un lejano país donde aprendería un millón de cosas nuevas, que era aquello que más deseaba hacer. Paquito, más voluminoso que cualquier avión o barco del mundo, no la seguiría en su próximo viaje y tampoco podría quedarse en casa, pues ya no era lugar para un dinosaurio adulto. Yo vivo en el campo, por eso me preguntó si le hacía el favor de acogerlo. Loca de emoción, acepté encantada y Paquito se vino a vivir conmigo.

Pregunta mucho por ella. Siempre le contesto que está bien y le explico cómo lo quiere, más allá del infinito. Le gustaría escribirle cartas -desconfía de los mensajes por Internet porque no se estilaban en su época de estudiante y teme que no le lleguen-, pero es algo torpe y termina aplastando los bolígrafos contra el papel con sus patas de dinosaurio. Luego, llora.

-No te preocupes, Paquito, no le importará- intento consolarle-. Metemos la hoja en un sobre, escribimos la dirección y ponemos el matasellos de urgente. Ella sabrá de quien es. Es muy lista y en la mancha de tinta entenderá cuánto pensaste en ella cuando fuimos a pasear por la montaña.

 La mañana, fresca, rompía el cielo y los cantos de los pajarillos se mezclaban con el sonido de las hojas de los árboles movidas por el viento como voces de feligreses en el rezo de una iglesia. Le habría encantado. Por un momento incluso creímos tenerla junto a nosotros.

 

 


  lsorciere

 

 

11 de julio de 2011

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Comentarios

transporte de mascotas 09/23/2016 13:34

Me encanta el artículo que has escrito ya que al final es algo que aprendemos con el tiempo y no quiero que se me escape nada, muy útil

Recaredo 03/06/2012 21:04


Rememorando la canción  "...dicen que la distancia es el olvido..." no puedo sino rebelarme contra el tópico. De hecho, aquí precisamente, se da el caso, todos lejos y sin olvido.


(el cuento precioso)


El "despegao"

MJ 03/07/2012 22:05



Gracias, "Despegao", siempre tan amable conmigo



Kora 11/11/2011 23:28



Dios, qué tremendo eso de alejarse de lo que más quieres, te deja una sensación de vacío muy difícil de explicar, pero que tú lo has hecho de maravilla.


La elección de la mascota me ha parecido descomunal, dándole ese aire tierno a un ser que, en verdad, parece agresivo y jugar con la época prehistórica en
contraposición con la actual...un regalo.


Enhorabuena, tesoro, un acierto.



MJ 11/12/2011 14:25



Gracias, Kora, y gracias a FB que fue la fuente de inspiración y, sobre todo, a uno de mis contactos, quien en realidad es el destinatario final de este cuento. 


Besitos y feliz fin de semana 



NiñaFlori 08/08/2011 13:04


Separarse físicamente de seres que amas duele tanto... Se nos rompen fibras en el corazón.

Da igual si tus frase son o no largas o complicadas; el cuento lo entendería cualquier niño, porque “los niños, siempre nos quedamos con lo esencial” de una historia. Lo pillas a la primera.

Cuento tierno "duro" y real, porque estas cosas pasan todo los días. Hay muchos paquitos y mónicas alejándose físicamente, aunque internamente sigan muy unidos, (de ahí el dolor de sus
corazones...) Ya te digo, “de eso los niños sabemos”; es lo que más nos preocupa algunas veces y, más que miedo al coco, al lobo o al tío del saco, tememos que dejen de querernos o nos abandonen. Y
es que “los Pekes somos como mascotas”, en cierto sentido y salvando la distancia, claro.

Precioso cuento, remueve mucho en una niña vieja como yo jeje

Besos...

PD.: No sé qué pasa con la música, no se oye nada.


MJ 08/09/2011 21:05



Hola, Flora


Gracias, como siempre, por rebuscar en mi desorden y dedicarme un comentario. Ya sabes lo que mucho que me animan Perdona por no contestarte antes. Esto de Internet es maravilloso, pero a veces
se abren demasiados flancos y llega un momento en que no puedo abarcarlo todo.


Precioso, quizás, el cuento, pero más tu comentario


Besos, miles


 


PD: ultimamente parece que Over-blog tiene problemas, le falla la conexión y las estadísticas (he llegado al un ranking de 61, jajajajaja, imaginate). Será el verano


 



Salvador Gregorio 07/12/2011 00:25


Seguro que todos los niños quisieran tener una mascota así. Pues no se farda na con un dinosaurio que te acompaña y encima te defiende. Lo malo es el invierno ¿ donde encuentra uno un jersey para
un dinosaurio? Yo me quedo con una planta de aloe vera, que casi no se queja y con un pequeño raton que tiene mi hijo y que de puro tímido que es, casi ni conozco. Me ha sorprendido este cuento por
lo diferente y por su narración mas de cuento infantil que lo que haces habitualmente. Otra zona que hay que explorar. Besos


MJ 07/12/2011 20:31



Ole, alegría que me das cuando me dices haberte sorprendido!! Me encantan los cuentos infantiles,  antiguos y  nuevos, y soy fan de Manolito Gafotas. Aun así, soy consciente de que lo
que sale de mi pluma no es del todo infantil, especialmente porque las frases siempre me salen largas y a veces utilizo palabras algo más complicadas de lo que debiera. 


Gracias!!


 


PD: Saludos de mi Aloe Vera a la tuya. Dice Engracia, así se llama, que espera que haya tenido mejor suerte con el dueño de la que tuvo ella.



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