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17 agosto 2014 7 17 /08 /agosto /2014 08:33

Se muerde el labio inferior en un intento desesperado por atrapar las últimas sílabas de la palabra desbocada, emisario deshonesto que viaja sin pasar por el filtro de la reflexión previa. Entonces el caballo apenas domesticado de su interior despotrica, alocado. La angustia se le agolpa y las ideas amordazadas, fugas de su coctelera de rabia, pena y frustración, dan paso a una retahíla de insultos dedicados a su flojera. “Soy una imbécil –piensa-, egoísta, y una idiota, además de ingenua. Por qué actuaré de esta manera, no lo entiendo”. Mientras, su mirada permanece ingrávida, alelada por el mar de pensamientos; la espalda corva y la mano en busca de ese pañuelo de papel que siempre la acompaña, simulando un resfriado perenne. Calla, sí, pero demasiado tarde porque, antes, una frase desubicada ha puesto al descubierto la tensión que le abrasa. Poco después, escuchará el frío y metálico chocar de las llaves, seguido de un portazo que retumbará por cada rincón de la casa hasta hacerla temblar. Fernando dejaría así su halo a Varón Dandy para marcharse con la rabia borboteando por las venas.

-Te estuve llamando ¿Dónde estabas? ¿Por qué no me cogiste el teléfono? –su voz, en falsa calma, lo había recibido en el comedor a las nueve de la mañana.

-Eh…, por ahí –le contestaría Fernando.

Arrastraba los pies hacia el dormitorio, ahíto de noche y alcohol, donde lo siguió como alma en pena:

-¿Por qué me haces esto? –Poco a poco iba subiendo el tono- Te vas y nunca sé cuándo regresarás. Sufro; estoy harta de preguntarme día sí, día también, dónde andarás, con quién…

-Déjame en paz; ¿acaso eres mi madre? –, sentenció. Y como en una obra teatral, Fernando se desplomó sobre la cama para concluir el acto con un contundente cierre de ojos.

Entre acto y acto, la soledad y el tiempo muerto permitirían a Milagros reproducir una y otra vez conversaciones fantasmas llenas de reproches, con los cuales sazonaría la comida del mediodía: “-Egoísta. Valiente hijo de puta. En tu vida has querido a nadie. Y la culpa la tengo yo, por aguantarte ¡Bruja!, ¡Payasa!, me llamas.” En su vaivén emocional, de pronto aflojaba el ritmo y se auto-culpaba, al tiempo que sacaba el sofrito del fuego: “-Claro que es normal, vivo a base gritos... Ayer quería acostarse conmigo, pero tengo tanta rabia que no puedo ¿Con quién habrá pasado la noche? A veces me doy miedo, llego a odiarle; luego me arrepiento, me siento culpable y no duermo hasta su regreso. Soy una mala persona, lo sé ¿Quién tiene la culpa? Nadie, imagino. Es un cabrón, cierto, pero ya me advirtió mi madre que el regusto a vino picado de mi carácter me arruinaría la vida. Intento ser más dulce, controlarme, quitar hierro a las cosas; es peor, se me queda dentro y tarde o temprano sale; entonces no hay marcha atrás. Si pudiera, yo me abandonaría y sé que, un día, él también lo hará. Al principio, cuando discutíamos por las facturas, la casa, el trabajo…, y se largaba, a su regreso callaba, más enfurecida que resignada, pero poco a poco se me fue haciendo insoportable hasta su mera presencia. Estoy loca; ni contigo ni sin ti ¿Qué voy a hacer si me deja? Hasta a mi madre, mi cara lacia y seca, mi falta absoluta de brillo, la hunden. La entiendo, esperaba más de mí y al final me convertí en un reflejo de su propio fracaso ¿Quién me va a soportar?” –Milagros echaba mano de su pañuelo; Los ojos le abrasaban, al contacto con los vapores ácidos del tomate.

Así pasaron las horas, hasta que Fernando se levantó a las seis de la tarde:

-Los macarrones están sobre la encimera –Tensa nada más oír los muelles del colchón, Milagros miraba sin ver el programa televisivo. El estrépito de un plato al estrellarse contra el suelo dio la señal de salida para presentar batalla: -¿Qué mierda has hecho? –gritó.

Cuando llegó a la cocina halló a un Fernando acorralado de cristales rotos y restos de comida, flaco y desfigurado por la debilidad de la resaca.

-¡Joder, ayúdame!, ¡me voy a cortar!

Sin pensar, sin sopesar las consecuencias, Milagros descubría en una sola oración su gran miedo:

-¡Qué te ayude la furcia con quien has pasado la noche!

Y como un yonqui antes de recibir sus 12ml de metadona, resurgió el ángel negro que todos llevamos dentro: Fernando, el faquir, caminó sobre la cama de clavos de cristal y pasta; al pasar junto a ella, le apartó lentamente el pelo de la cara y, cadera con cadera, le susurró al oído, sin dejar de masticar las palabras, a falta de alimento sólido:

-Amargada, que eres una amargada. Lo que te hace falta es un polvo; pero, tranquila, no seré yo quien te lo eche.

Poco después, Fernando dejaría su halo a Varón Dandy para marcharse con la rabia borboteando por las venas, una noche más.

 

16 de agosto de 2014

 

 

 

 

 

 

 

 

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Comentarios

Flora 08/25/2014 13:34

...por cierto, qué te parece la novedad de over, de ponernos publicidad sí o sí... fíjate que estoy pensando hasta en cerrar el blog, ¡contenta me tienen!

MJ 08/28/2014 22:51

Si, da muuuuuchaaaa rabia. Yo también contemplé la idea de cerrar el blog, pero es que este me permite clasificar los apartados (cuentos, mircros...)y el blogger se rige más por el día de publicación. Mucha rabia, porque además siguen poniendo el rollo ese de si quieres cobrar por colgar publicidad ¡Tienen más morro que espalda!

Flora 08/25/2014 13:31

Bastante duro el cuento este; pero bueno, tú te atreves con todo y eso no está mal, creo... después de todo esto es ficción. Aunque también pienso o creo, que la mujer sigue en gran parte muy apegada al papel ese de aguantar carros y carretas, tal vez porque en pocos (muy pocos) casos nos han dado la idea de que somos válidas y valorables... Sin duda, amiga linda, tenemos que seguir creciendo, valorándonos y procurando discernir entre lo que merece paciencia y un poco de aguante por nuestra parte y lo que de ninguna manera es aceptable en ese sentido.
Espero que te vaya todo bien, cariño y que este mes hayas disfrutado de vacaciones y alegrías. UN abrazo fuerte (la flori:)

MJ 08/28/2014 22:47

Hola, bonita! Sí, me salió durillo el cuento, no sé porqué, lo tenía ahí rondando, rondando..., hasta que lo saqué. Espero que me haya servido para cambiar pronto de registro. Te deja un poco mal y ya tengo ganas de que me venga la vena divertidad; a ver si pronto...
Por aquí, bien; vacaciones, no, pero sí me tomé las cosas un poco más relajadamente, y, como siempre, con algo de remordimientos por no seguiros como debiera y no estar al día de vuestros blogs.
Besos y abrazos, Flora.

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